lunes, 3 de diciembre de 2012



Texto de opinión sobre “La mujer sin cabeza” 

Lucrecia Martel nos tiene acostumbrados a un cine distinto, a un cine único. Es que a través de sus escasa filmografía la directora salteña retrata una realidad compleja, difícil de desentrañar. Éste es el caso de "La mujer sin cabeza", el último film de la directora que ha sido celebrado por muchos y defenestrado por otros tantos.
El film comienza con unos niños de clase baja jugando en los alrededores de una ruta de tierra. Son tres amigos, además de un perro. En simultáneo vemos a un grupo de mujeres que se despiden, una de ellas acomoda sus pestañas en el reflejo del brillante auto. Verónica, la protagonista, luce su nuevo color de pelo rubio que las demás le halagan. A continuación vemos a Verónica manejando por una ruta de tierra, escuchando música en la radio. Su celular suena y ella se dispone a buscarlo en su cartera, que se encuentra en el asiento trasero, pero en ese preciso momento llega un golpe y sacudón del auto. Verónica frena súbitamente, cree haber atropellado algo o alguien, no está segura. No se mueve, no se atreve a bajar del auto, duda.
A partir de este momento la protagonista entrará en un estado de confusión tan grande que nos llevará a nosotros, como espectadores, a experimentar un nivel de incertidumbre sobre qué es exactamente lo qué sucede. Martel se luce en este punto al irrumpir en la cotidianidad de la protagonista, pero desde ese lugar aturdido, confuso en el que se encuentra Verónica. Cree haber cometido un crimen, pero no puede comunicárselo a nadie. De hecho no puede comunicarse con nadie, no reconoce a nadie. Flota confundida por entre la familia que la rodea sin siquiera poder hacer contacto con alguno de ellos.
Eventualmente Verónica confesará sus dudas a su marido, que la consuela diciéndole que está confundida, que ha atropellado a un perro y sólo se ha pegado un susto. Sin embargo, no tarda en hacerse público que han encontrado el cuerpo de un niño al costado de la ruta. Aquí el film comienza a mostrar todo aquello que la rodea a Verónica, ese sostén familiar que hará oídos sordos al crimen que ella ha cometido, ocultando todo indicio de un posible choque aquella tarde.
La película funciona como una radiografía de la clase media salteña, del rol del hombre y de la mujer en ese contexto donde Verónica no puede, ni debe, hacerse cargo de su propio accionar (ni del accidente, ni de la infidelidad hacia su marido). Un análisis profundo y certero sobre la diferencia de clases en el norte argentino, donde la culpa, el olvido y la hipocresía juegan un papel central; algo así como un puente entre la realidad política de la sociedad argentina de los años ´70 y la de esta mujer y esta familia, el crimen y la impunidad.

Por Santiago Moreno

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